Noche de paz. En la cena de hoy, o el almuerzo de mañana, nos desearemos paz, brindaremos por la paz, celebraremos nuestra paz.
Cierto es que en los últimos siete años ha descendido el número de fallecidos en guerras, pero los muertos no son un indicador válido de paz, porque la paz verdadera es mucho más que la ausencia de muerte. En el Afganistán talibán, la guerra abierta ha sido sustituida por la represión interna, que en absoluto significa la paz. En la cena de hoy, o el almuerzo de mañana, nos desearemos paz, brindaremos por la paz, celebraremos nuestra paz.
Copa del Rey, Supercopa de España y Mundial de Clubes. De fondo LaLiga y, al fondo, la Champions. Un calendario para el que Ancelotti ya ha mentalizado a la ...
Primer título, el de la Supercopa de Europa, conquistado, primer puesto, el de la fase de grupos de la Champions, asegurado, y el de LaLiga, pese a que lo conservó bien, perdido en las últimas ante el FC Barcelona pero a dos puntos de distancia. Y más este año en el que ha habido tiempo de pararse a pensar mientras el fútbol se marchó de Erasmus a Qatar. En esas, el Real Madrid ha tenido la oportunidad de ver de dónde viene y a dónde va.
Un mundo como el recreado por el padre Piotr Nawrot en su mensaje de fin de año, en el que la vida vence a la muerte, el bien al mal, la solidaridad triunfa ...
Y que el amor sea noche y sea día, así como también la paz sea día y sea noche, e inunden nuestros corazones, recorran nuestras venas y se instalen de manera definitiva en nuestras almas. Hago un juego de palabras con el primer verso, “noche de paz, noche de amor”, y digo que venga primero la noche de amor para dar paso luego al día de paz. Y tal vez aquí resida el gran misterio para la materialización de ese otro mundo posible: que la magia movilizadora vista durante las fiestas de fin de año no acabe junto al año que se va, y sí se mantenga activa a lo largo del año nuevo que se inicia.
La paz es fruto de ejercitarse en la procura constante y creciente, del pleno desarrollo integral, sustentable, sostenible e incluyente.
Esto es devastador de la capacidad de las nuevas generaciones de seres humanos, para lograr su desarrollo afectivo en lo que depende de un modo sano de vivir su sexualidad para que la integren con la meta de un trato completamente respetuoso de sí mismos y de los demás y valoren plenamente ayudarse a ser mejores personas. Esta ofensa contra la paz personal, familiar, social y la de las generaciones futuras, se ve en una variedad de trata de seres humanos que debería ser sancionada. Existe el deber social de poner todos los recursos para romper esas cadenas de corrupción y liberar las rutas de la transparencia y del pleno desarrollo de todos, sin excepción alguna. Dispersarse de esta responsabilidad de todos es restar paz. La falta de paz se debe a remplazar el buen uso de la autonomía moral -coherente con el bien o perfección del propio ser-, por la abdicación libre de sí mismo, de la verdad acerca de cómo ser mejor persona, de la justicia en el modo de corresponder al don del ser recibido y de la libertad que se acrecienta sabiendo amar. En la Ética, se construye la paz con la solidaridad continuada, antitética de cálculos que lleven al uso de sí mismo o de otros, para lograr más poder, posesión y placer, situación en la que la persona misma se maltrata usándose como mero medio, explotándose para lo que decide valorar como un fin último sabiendo que no lo es: en la práctica se otorga la categoría de objeto a lo que tiene como cuerpo y como persona, pero como la paz es la tranquilidad de vivir el orden del amor, con cada acto de desamor, de algún modo de desposee, pierde esa ratificación del buen obrar, algo queda oscuro en lo hondo del propio ser y, en esa ceguera, la persona queda inerme ante la facilidad mayor para hacerse y hacer daño a otros, por acrecentar su dificultad para ser objetiva en su escala de valores.